Lección 7. El clima emocional en aula II . Tercera Parte

La Comprensión Emocional En El Aula

El concepto de la comprensión emocional elaborado por N. Denzin está en el centro de la educación emocional.

  1. Denzindescribe la comprensión emocional como

[…] un proceso inter–subjetivo que requiere que una persona entre en el campo de la experiencia emocional de otra persona y experimente por sí misma la mismas experiencias o experiencias similares. La interpretación subjetiva de la experiencia emocional de otra persona desde el punto de vista personal, es central para la comprensión emocional. La experiencia emocional compartida y compartible está en el corazón de lo que significa de comprender y de entrar con sentido en la experiencia emocional del otro.

La comprensión emocional no ocurre de manera analítica, sino que se percibe en un instante: a) cuando nos abrimos a lo que nos ocurre, cuando nos abrimos a lo que estamos sintiendo en esa situación; b) cuando buscamos en nuestra experiencia emocional, presente y pasada, algo que nos haga sentido en relación a al experiencia emocional del otro, y que puede corresponder a la experiencia del otro; y c) cuando nos abrirnos al otro y decidimos quedarnos allí.

Podemos distinguir cinco niveles de comprensión emocional:

  1. Una manera de acercase a la comprensión emocional es de orden cognitivo cuando estudiamos lo que son las emociones, y las observamos como un fenómeno externo que le ocurre a una tercera persona con la cual no tenemos vínculos. A este enfoque lo llamamos metodologías en tercera persona. Este es el nivel más básico;
  1. Otra manera, más vinculada, es como se mencionó recién, buscando en nuestra propia experiencia, una experiencia similar a la que revela la otra persona y buscando allí los sentimientos que afloran asociados a ella;
  • Un tercer nivel emerge cuando nos abrimos a la experiencia del otro desde nuestra participación en la especie humanidad. Este es un espacio abierto por el poder de la empatía que emerge de la inter–subjetividad en el sentido desarrollado más arriba. Este nivel facilita el desarrollo de la compasión, nos permite emocionarnos con eventos como la desnutrición infantil, aunque no hayamos tenido en nuestra experiencia personal ese flagelo;
  1. Un cuarto nivel ocurre cuando compartimos las mismas emociones con otros. Estas ocurren cuando hay eventos extremos, como terremotos, o accidentes. También ocurre cuando tenemos vínculos sostenidos en el tiempo, como en las amistades duraderas, o en los matrimonios de larga data, se puede sintonizar finamente con las emociones del otro. Pero esta sintonía también puede emerger al desarrollar la sensibilidad propia de manera sintonizar con lo que le ocurre al otro. La comprensión emocional, en este nivel nos permite decir “comprendo lo que sientes, porque yo estoy sintiendo lo mismo”; y
  1. Por último, el quinto nivel ocurre cuando somos capaces de desapegarnos de nuestros sentimientos y entregarnos a la otra persona, de manera que podemos acompañarla en lo que le está ocurriendo a ella y no a nosotros. Es una compañía empática que crea seguridad y le permite a la otra persona estar presente en lo que le ocurre y revelarse en él. En este nivel de comprensión emocional, lo que ocurre es que podemos acompañar el desenvolvimiento de la conciencia en la otra persona.

Otra forma de comprender este concepto es teniendo una comprensión de lo que es la incomprensión emocional. El dominio de la incomprensión emocional es cuando malentendimos lo que le ocurre al otro. N. Denzin denomina a este espacio como el dominio de la emocionalidad espúrea, que es cuando confundo mis emociones con las emociones del otro. Cuando no se busca desarrollar la comprensión emocional, nos movemos en la vida cotidiana en espacios de incomprensión y malentendidos emocionales, en los cuales no tenemos una experiencia compartida.

La incomprensión emocional, no solo lleva a distanciamientos, juicios y acciones equivocadas por parte de los docentes, sino que se convierte en uno de los enemigos del aprendizaje de los alumnos. Por otra parte, cuando los docentes tratan de establecer vínculos durables con los alumnos, como el acompañarlos de un año a otro, o tratan de hacer del vínculo con los alumnos como el soporte del aprendizaje, se crean condiciones propicias al aprendizaje y resultados académicos de alto nivel.

Es importante destacar que la comprensión o incomprensión emocional en la escuela no ocurre solo como resultado de la presencia o ausencia de competencias emocionales personales, sino que se genera también en las formas en que la escuela promueve o inhibe las experiencias positivas compartidas y las interacciones cercanas que fomentan comprensiones comunes.

La comprensión emocional en el aula.

Como hemos dicho antes, el aprendizaje ocurre como parte de una relación emocional entre el profesor y un alumno.

El aprendizaje insatisfactorio de los alumnos tiene directa relación con una incomprensión emocional en la relación pedagógica que lleva al distanciamiento recíproco docente–alumno; a una relación sobre protectora, directivista o de abandono por parte de los docentes; a un sentimiento de frustración o malestar en su quehacer; a la formulación de juicios interpretativos no fundados; a la realización de acciones inconducentes o hasta, a veces, contraproducentes.

La comprensión emocional que surge cuando los docentes establecen vínculos con los alumnos, y hacen de esos vínculos el soporte del aprendizaje, crea condiciones propicias al aprendizaje y resultados académicos de alto nivel, genera sentimientos de satisfacción y bienestar profesional en los docentes, constituye la tarea educativa en una aventura común, vitaliza los quehaceres del enseñar.

Las interacciones en el aula están vivas de contenido emocional. En la vida diaria de las escuelas las emociones involucradas en la relación profesor alumno pueden ser agradables para ambas partes, algunas veces lo son, y la convivencia es armoniosa, permitiendo que todos se sientan parte de algo donde pueden crecer. Otras veces son desagradables y el ambiente de aprendizaje se ve perjudicado.

¿Cómo hacer de las relaciones interpersonales al interior de las aulas un espacio de aprendizaje y crecimiento?

Podemos mirar el tema pedagógico como un espacio de relación, con normas y reglas del juego, el cual tiene la particularidad de estar pensado con el propósito de que las personas involucradas en él se desarrollen y aprendan.

Para esto es fundamental que sean capaces de escuchar sus necesidades en equilibrio con las necesidades de quienes los rodean y que sean capaces de responder de manera satisfactoria a estas necesidades. Esto es algo que se puede aprender. M. Van Manen define el acto de enseñar y de aprender como un acto de tacto. Para él, el aprendizaje ocurre cuando un profesor tiene la capacidad sensible de “interpretar los pensamientos internos, comprensiones, emociones y de deseos de los niños a partir de pistas indirectas tales como actitudes, gestos, expresiones y lenguaje corporal”. Cuando un docente ha desarrollado esta competencia de escucha y de lectura de sus alumnos, entonces él o ella sabe cuándo y cómo inducir el proceso de aprendizaje en los alumnos.

Una manera de aprender esta competencia, es a través del desarrollo de la conciencia emocional. Aprender a hacernos conscientes de lo que nos pasa integrando nuestra experiencia de nosotros mismos, del otro y de la relación en narrativas con sentido, cada vez más abarcativas. Una manera práctica de aprender esto, es la capacidad del docente de poder ver cómo se sitúa él con relación a cada alumno. Esto es lo que veremos a continuación.

El vinculo y la norma.

Proponemos mirar el tema de las relaciones afectivas dentro del aula que pone el acento en el cruce entre lo vincular y la norma. Ambos son aspectos fundamentales en una relación en la que se pretende desarrollar conocimiento.

Hemos podido constatar que cuando se habla de un buen docente, se hace referencia a un docente que tiene buen conocimiento de las materias que enseña así como una buena relación con sus alumnos[4]. Así vemos que la necesidad de tener conocimientos sólidos en las asignaturas a enseñar es inseparable de la necesidad de tener a la mano la posibilidad de relacionarse afectivamente y la capacidad de regular y normar las relaciones en el aula. Cuando estas dos áreas están en equilibrio se dan condiciones favorables a que haya comprensión emocional entre las personas involucradas.

Recordemos brevemente lo que hemos llamado comprensión emocional, intentando agregar algunos nuevos elementos.

Llamamos comprensión emocional a la conciencia y el conocimiento afectivo (vincular)–normativo (de control) que permite establecer relaciones positivas. En el aula, estas relaciones son la base de los aprendizajes. Algo fundamental de esta comprensión es que, cuando ocurre, es lo que permite que se pueda dar al otro lo que necesita y en la forma en que lo necesita.

Algunos elementos que facilitan la comprensión emocional entre dos o más personas son:

  1. Equilibrio entre diferenciación y resonancia, de manera que aun cuando cada persona es razonablemente capaz de distinguir y responsabilizarse por los contenidos que aporta y percibe en la relación, no se pierde la capacidad de considerar la experiencia del otro en el actuar;
  2. Normas establecidas al menos parcialmente en común o bien aceptadas voluntariamente;
  • Comunidad de intereses en algún nivel, idealmente compromiso mutuo con estos;
  1. Reciprocidad. El estar dispuesto a dar a la vez que se recibe; y
  2. Equilibrio en los afectos. Capacidad de contener las explosiones pasionales.

Por otro lado, la incomprensión emocional es la incapacidad de entender, sentir, ponerse en el lugar de otro. Es fuente de mal entendidos permanentes.

Existe también la posibilidad de la mala comprensión, que es la comprensión errónea de los procesos, afectos o intenciones del otro. Esto puede ocurrir por distintos motivos. Algunos de ellos son el situarse frente al otro desde la no–separación, desde tomar los sentimientos propios por ajenos o los sentimientos de otros como extensión de los propios. También, desde generalizaciones provenientes de prejuicios o estereotipos que nos pueden situar en un diferenciación excesiva con el otro. Pero se puede decir que el error proviene fundamentalmente del permitir que la fantasía (entendida como juicios, prejuicios, expectativas, experiencias pasadas, etcétera) nuble en exceso nuestra experiencia del otro.

Nombramos también los niveles en los que puede darse la comprensión emocional. Es importante, diremos ahora, para poder situarse en cualquiera de los niveles, primero abrirse a la percepción de que somos distintos y tratar de comprender al otro en sus similitudes y diferencias. Saber cómo relacionarse con la diferencia en lugar de solo reaccionar frente a ella. Todos tenemos recursos y la conciencia, gracias a que rompe automatismos y patrones de acción disfuncionales, es el medio para encontrarlos y desarrollarlos.

Un mapa para observar la comprensión emocional

Teniendo presente lo anterior, podemos ver con mayor claridad que el aula, es un sistema de relaciones que se da entre alumnos, así como entre el docente y un alumno y el conjunto de los alumnos. Es importante considerar, como también hemos dicho, que la comprensión/incomprensión emocional no dependen exclusivamente de capacidades individuales, sino también de que los sistemas en los que se dan las relaciones entre personas (en este caso el sistema educacional y, más específicamente, cada aula) promuevan o inhiban las relaciones cercanas y sostenidas en el tiempo.

Una visión sistémica del aula, nos devela que el aula es un espacio ecológico de relaciones delicadas entre las personas que están allí. La experiencia del aprendizaje es algo que ocurre anidado en la frágil ecología del aula. La estabilidad de esta frágil ecología depende de si tenemos conciencia de la mutua dependencia entre el profesor y los alumnos, así como entre los alumnos. La ruptura de la ecología del aula, producida por ejemplo, por conversaciones inesperadas entre los alumnos, o por faltas a la disciplina, impedirá que ocurra el aprendizaje. Por ello, nos parece necesario contar con un mapa que nos de pistas y nos permita tener una comprensión emocional acerca del tipo de relaciones que mantienen viva esta ecología del aula.

En la figura siguiente proponemos un mapa para analizar el proceso de la comprensión emocional en el aula. Este mapa esta configurado por dos ejes, que sostienen la comprensión emocional, entendida como lo que ocurre en el centro de un cuadro con dos ejes. Un eje es la forma de estar con el otro en relación al control de los procesos que está pensado que ocurran en el aula (eje del control) y el otro es la forma de estar con el otro en los límites de la relación personal (eje del vínculo).

Este análisis lo hacemos al nivel de funcionamiento de lo que podríamos llamar un ego funcional o sano. Por el momento, consideraremos solo en los extremos lo que podríamos identificar como egos patológicos y tampoco tocaremos por ahora el tema de cómo funciona la comprensión emocional en el espacio de los niveles de conciencia expandida.

Teniendo presente esto, en nuestro mapa la comprensión emocional se ubica en el área del centro, en la cual el docente puede oscilar, sin llegar a los extremos, entre el ser más o menos directivo y entre el “entrar o salir” del mundo emocional de sus alumnos.

De esta manera, decimos que hay flexibilidad en los espacios a ocupar según cada situación. Sin embargo, la situación pedagógica tiende a ocupar el espacio entre los cuadrantes, alrededor del centro. En ese espacio el vínculo se apoya en un involucramiento adecuado, con buena sintonía, que facilita la comprensión emocional y que permite comprender la necesidad situacional de norma o control.

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La incomprensión emocional en el aula.

Dedicaremos la parte final de este apartado a observar muy brevemente los espacios del mapa en que se da la incomprensión emocional, es decir, en las combinaciones posibles entre los extremos de cada eje.

Creemos que esto es importante y que el mapa aporta en la medida que si el docente, o quien lo ayude a observar su labor, lo utiliza para lograr mayor conciencia de los estilos y procesos que utiliza comúnmente y sabe dónde tiende a ubicarse en las distintas situaciones de su vida diaria, estará en mejor pie para poder evaluar si eso es lo que realmente requiere la situación.

  1. No diferenciado directivo

Al situarse el docente en este extremo, el profesor pretende llevar el mismo el proceso de su alumno, no siendo capaz de diferenciar entre lo que es su experiencia y la experiencia de su alumno. Es así como parece la posibilidad de confundir, malinterpretar o sobre interpretar lo que le pasa o lo que hace el alumno.

Este es un posicionamiento al que suelen llegar algunos profesores que, buscando ayudar, se sobre–involucran con lo que le pasa a su alumno, muchas veces confundiendo la labor de profesor son la de un padre substituto malentendido. Pero esta no es una distancia adecuada para ayudar, ya que al no tener una perspectiva que permita observar la relación, manteniendo los límites, no se es soporte para el niño.

Ubicándose en este extremo del mapa el profesor aparece con necesidad de controlar, dirigir, ser parte de lo que le pasa a su alumno, no confiando en el proceso de este. Es el extremo de la sobreprotección.

  1. No diferenciado no directivo

Este posicionamiento también es débil si lo que se pretende es ayudar al alumno. No existe conciencia de los límites de la relación y no hay una buena gestión de los procesos pedagógicos. No hay un líder que los lleve adelante.

En este extremo está el profesor cuando pretende caer bien a sus alumnos perdiendo la autoridad para dirigirlos o corregirlos.

  1. Separadodirectivo

En este extremo se ubica el profesor cuando vive su tarea desde la frialdad emocional, desde la incapacidad de ponerse en el lugar del otro e imponiendo el control, no escuchando las necesidades de sus alumnos.

Se da el uso del poder autoritario para conseguir lo que quiere en el aula y es aquí también donde ocurren los excesos disciplinarios.

  1. Separadono directivo

Este es el polo del laissez faire. Aquí se ubica el profesor cuando elige no involucrarse en lo que les pasa a sus alumnos. Se parece al polo de la no diferenciación/no directividad, con la diferencia de que en ese el profesor se vive como cercano a sus alumnos y en este se vive como indiferente de lo que les ocurre o hacen.

En esta posición se observa una falsa idea de libertad, en la que el profesor se ubica cuando se extrema en el aceptar que cada uno haga lo que quiera o “lo que pueda”. Sin dar el espacio e impulsar a los alumnos a explorar sus capacidades.

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