Lección 7. El clima emocional en aula II . Segunda Parte

La relación entre el profesor y los alumnos.

La relación entre profesores y alumnos es compleja. Una forma de expresarlo, es ver que contiene una gradiente que mezcla de aprendizajes naturales y artificiales. Por un lado puede contiene, en distintos grados, la imagen del aprendizaje visto por un a parte como la prolongación de los aprendizajes que los alumnos internalizan “naturalmente” en el marco de sus familias y grupos de amigos. Por otro lado, contiene también, un aprendizaje estructurado entregado secuencial y jerárquicamente en un contexto artificial dominado por normas y regulaciones. Cada profesor con su grupo de alumnos – su aula – se sitúa en alguna parte de esta gradiente de posibilidades entre lo natural y lo artificial. (Mas abajo elaboraremos mas acerca de estas posibilidades.)

Por cierto, la gradiente natural/artificial varía según los niveles. Aunque siempre existen ambas, podemos ver con facilidad que en el pre escolar , predomina la dimensión mas “natural”, y en los niveles superiores predomina la mas “artificial”. Pero es interesante notar que la relación, independiente de los niveles de enseñanza, esta situada por esta gradiente natural/artificial.

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La satisfacción docente.

La satisfacción de los docentes con su trabajo – por ende su motivación intrínseca – esta influenciada por esta gradiente de afectos y por el resultado de su trabajo. Una fuente importante de satisfacción es la relación afectiva entre profesores y alumnos, y dentro de esta relación, el grado de afecto que los profesores pueden sentir por sus alumnos. Mientras mas pequeños son los alumnos, mas explicito es el vínculo emocional que unen los profesores a sus alumnos. A medida de que los alumnos crecen, la expresión del vínculo emocional, puede o no disminuir, pero su expresividad cambia. Una fuente de gratificación declarada por los docentes, es sentir este vinculo de dar y de recibir afecto por parte de los alumnos. Este vínculo emocional, o comprensión emocional, es lo que sostiene el proceso cognitivo en los alumnos en distintos niveles de la escala educativa.

Otra fuente de satisfacción – sostenida por este vínculo – es cuando los profesores ven que sus alumnos se interesan y entusiasman con las practicas que ellos desarrollan como docentes. De hecho, los profesores que son considerados efectivos y creativos, declaran que su creatividad, en generar juegos, grupos de co educación, proyectos, esta impulsada por el afecto que tienen por sus alumnos, y por el entusiasmo que ven en sus alumnos.

La combinación de ambas variables es una indicación clara para los profesores acerca de si están haciendo bien o mal su trabajo. Cuando los alumnos aprenden, mas felices se sienten los profesores, y están mas motivados por su trabajo.

Un buen profesor

Un buen profesor o profesora, se reconoce en el tipo de relación que establecen con los alumnos. Es decir que el foco esta mas puesto en la relación con los alumnos y en ellos, que en sí mismo. La mejor manera de identificar el estado de la relación que caracteriza un buen profesor, es preguntándole a los alumnos. Visto desde los alumnos, de una escuela de enseñanza básica, donde el CEA es considerado “bueno” por parte de los principales actores: los alumnos, estos consideran que un buen profesor es aquel que: i) tiene una buena relación: el tiene una actitud dispuesta a resolver problemas, sabe escuchar y tiene paciencia. Es el que hace la diferencia en porqué algunos alumnos se atreven a preguntar con unos profesores y con otros temen levantar la mano. La diferencia esta en el papel socio emocional que asume el profesor, y como el o ella estructuran su aula. Como dice un alumno: “(que sea) simpático, que ayude cuando preguntan cosas y que te tengan respeto. Porque lo profesores se supone que educan”, ii) sabe educar: es buen pedagogo, es didáctico, tiene fórmulas entretenidas y sencillas para explicar la materia. “Enseñar bien, si uno se queda atrasado que vuelva a hablar con él sobre la materia para que no se quede atrasado”, “es aquel que sabe explicar de una manera didáctica y que hace que los alumnos no se aburran. Un profesor que asocie las cosas y que sea amable. Que entienda a los alumnos, sus problemas”, “un buen profesor, que sepa explicar…..mm…no sé cómo decirlo….mmm…tiene que saber motivar a los niños para que entiendan. Porque si no sabe que decir y motivar, los niños no aprenden y a la vez se desmotivan y no quieren aprender”.

Inversamente, un mal profesor según los niños es lo contrario: una persona impaciente, grave, sin vocación educativa, que no ayuda y que es extremadamente exigente, uno que no maneja los contenidos de la clase y uno que no cumple lo que dice.

Un buen profesor es aquel que tiene tres características principales: puede establecer una buena relación afectiva con los alumnos, que sabe la materia y que sabe cómo enseñarla bien.

Para que un profesor pueda tener una buena relación afectiva, debe ser capaz de verlo a los alumnos de manera integral e individual, tanto en su aspecto físico (lectura corporal) en su aspecto emocional (comprensión emocional) en sus aspectos lingüísticos (escucha). Si el profesor logra visualizar a sus alumnos así, lo mas probable es que emerjan en él, sensaciones de curiosidad, afecto, desafíos. Si logra verlos así, lo mas probable es que podrá enseñarles a verse a si mismos. Por el contrario, si el o ella no han desarrollado estas capacidades, entonces, lo que verá será un “grupo” y no personas, verá niños revoltosos y disruptivos, y probablemente lo que sentirá será aburrimiento, malestar, algo de miedo, y bastante frustración.

La relación entre los alumnos.

En el aula, en la creación del aula, no solo existe la relación entre el profesor y los alumnos, sino también existe la relación entre los alumnos. Esta relación es uno de los aspectos centrales que forman el tipo de CEA . El tipo de vínculo que se cree entre los alumnos no es solo una cuestión de crear un buen clima para lograr aprendizajes cognitivos. Es también algo que se orienta a lograr formar buenas personas. Es reconocer que en educación hay finalidades académicas y también finalidades sociales.

Formar buenas personas.

Formar buenas personas se ha vuelto una necesidad cada vez mas importante. Esta necesidad se refleja en el aumento de la violencia en la escuela, el aumento del “bulling”, los embarazos adolescentes, el aumento de la drogadicción, los robos, el creciente egoísmo y competencia entre los jóvenes. Si esto no se atiende en la escuela, la sociedad termina por siendo violenta. La sociedad que se forma, empieza a configurarse en la manera que se establecen las relaciones entre los alumnos en la escuela.

Lo que estamos enfatizando aquí, es el hecho de que el tipo de relación entre profesores y alumnos y la relación entre los alumnos no solo importante porque crea el CEA adecuado para el aprendizaje cognitivo de los alumnos (un fin instrumental), sino queremos decir que es también un fin educativo en sí. Si pensamos que la educación debe formar buenas personas y no solo lograr buenos puntajes en las pruebas, la buena relación entre los alumnos se vuelve una finalidad de la educación.

Ampliar la intención educativa.

La implicación de lo anterior es que, si el tipo de relación que se establece entre los alumnos es un fin educativo en sí, entonces también debe ser objeto de una intención educativa por parte de los profesores.

Estamos acostumbrados a pensar de que el tipo de relación que se da entre los alumnos, es un solo un tema disciplinario, que provoca disrupciones y molesta al profesor cuando imparte una materia. Pensamos que es una es una conducta natural, que puede ser corregida de manera represiva por medio de amenazas y castigos.

Desde nuestra primera infancia, los humanos tendemos hacia la solidaridad. Esto ha sido descrito en varios textos que reportan de estudios sobre la angustia que sienten los bebés cuando sienten que otros bebés están llorando, y se ponen a llorar ellos también ; o en los estudios sobre las neuronas espejos. Nacemos con una tendencia a sentirnos mal ante el malestar de los otros. El sentirse mal ante el malestar de los otros, o la tendencia a la empatía, es algo que se vuelve mas sofisticado a medida que crecemos. A medida que crecemos podemos desarrollar la tendencia antisocial de agredir a los otros, o bien desarrollar la tendencia pro social de buscar el bienestar de los otros.

El lugar ideal para desarrollar conductas prosociales, es la escuela y el aula, que es el lugar donde los niños y niñas, entran en contacto regular con sus pares y donde ellos siempre aprenden algo de ello. Aun cuando no tengamos la costumbre de pensar que estas relaciones ente los alumnos tienen efectos de aprendizaje, ya es hora de transformarlas en parte de la educación y dotarlas de una intención pedagógica. Para dar una pista acerca de cómo hacer esto, podemos señalar que cualquier profesor que haya tenido la experiencia de enseñar a alumnos en filas, haciéndolos mirar la nuca del compañero de adelante, y al profesor encuentra dificultad de mantener la atención de los alumnos, notará un CEA en general tenso donde es frecuente que aparezcan conductas disruptivas antisociales. Por otra parte si ha tenido la experiencia de enseñar a alumnos en grupos entre sí, habrá notado que el CEA es muy diferente, y que a los alumnos los entusiasma mucho mas trabajar en grupos en los cuales se dan ocasiones de aprender mediante una practica pedagógica pro social.

Aunque abogamos por una intención pedagógica integral, ésta no es una postura voluntarista. No se trata de “decirles” a los alumnos sean buenas personas ( “o si no ya verán lo que les pasará”), sino que crear las situaciones para que los alumnos tengan la oportunidad de “hacerlo” . La experiencia ha mostrado que es mucho mas “natural” que los alumnos trabajen de manera cooperativa que competitiva, mutuamente solidaria que agresiva. Cuando se pueden practicar nuevas alternativas de interacciones entre ellos, cuando son escuchados y escuchan, los alumnos descubren que es mucho mas agradable y entretenido que trabajar en solitario y en competencia con los otros. Es en esta practica de intencionar el vinculo adecuado de la relación entre los alumnos, es cuando se desarrollan las competencias emocionales que caracterizan a la buenas personas.

El punto central que queremos focalizar es que la relación entre los alumnos, es central para un buen CEA, pero mas importante, es algo al que hay que darle importancia para la formación de buenas personas, con criterio prosocial. Los alumnos pueden aprender a tener comportamientos prosociales practicando con sus pares en la conformación del tipo de relación entre ellos. En la unidad 9 retomaremos este tema de manera mas práctica acerca de cómo enfrentar esta tarea.

La relación entre el alumno y su proceso de aprendizaje.

Cada uno de nosotros aprende como aprende. Esto quiere decir que cada uno tiene un proceso de aprendizaje que le es particular. Hay cosas y materias que nos entusiasman y encienden nuestro deseo de aprender y nos dan ganas de hacer preguntas, y otras no. Uno de los elementos principales en el aprendizaje de los niños en un aula, es que ellos puedan tomar conciencia de cuáles son las materias que les atraen mas, y cuál es su manera de aprender. Aprender a conocernos en tanto que aprendices, es un componente vital para nuestros aprendizajes.

En términos generales se distinguen tres formas de aprender: i)escuchando (el que escuchó a su mamá decirle que no hay que poner la mano en el fuego. Si le hizo, caso, no se quemó), ii) viendo, (el que vió que su hermano puso la mano al fuego y que se quemó) o iii) experimentando (el que puso la mano en el fuego para ver de qué se trata). En general, en nuestros procesos de aprendizaje, tenemos una combinación de éstos, y a veces, según las materias y las circunstancias priorizamos una u otra. Pero todas la formas son válidas, pero unas son válidas para uno. ¿cuál es la válida para alguien? Esto es algo que el profesor y el alumno deben descubrir.

Conocer cuál es el estilo de aprendizaje del alumno

Darnos cuenta de cómo aprendemos es una tarea difícil para que un niño lo haga solo. Por ello, el papel del profesor o profesora es necesario para que el alumno…y el profesor conozcan cuáles son los estilos. Esto es algo que se puede lograr creando una situación de aprendizaje. Por ejemplo a niños de 6-7 años, proponer como actividad de clase, hacer una miniatura de una casa. Algunos esperarán a que el profesor les dé las instrucciones, otros experimentarán poniendo paneles, o cortando ventanas, haciendo errores y logrando avanzar en la tarea, y otros observarán a los que experimentan, antes de lanzarse ellos mismo en la tarea.

¿cuánto tiempo pasan algunos escuchando al profesor?¿cuánto tiempo pasan otros experimentando? ¿cuánto tiempo pasan viendo instrucciones? ¿están curiosos, aburridos, jugando,? Todas estas son pistas acerca de cómo distintos niños enfrentan el aprendizaje. Todas estas son informaciones para que el profesor pueda enseñar a sus alumnos.

¿qué vale la pena aprender y como saber si lo he aprendido?

Es otra de los temas importantes. En establecer la relación del alumno con aprendizaje y con la evaluación. Vale la pena que el alumno ayude al profesor estableciendo qué se quiere aprender dentro de un marco curricular. Si el alumno participa en determinar qué es lo que le gustaría aprender, el profesor podrá enseñar mejor y el alumno estará mas motivado. De esta manera, también el profesor, en diálogo con el alumno podrá establecer los criterios de evaluación para saber si lo que se quiere aprender se logra. Los alumnos querrán aprender lo que quieren aprender, y estarán motivados. Si ellos participan en el diseño de la evaluación de lo que quieren aprender, comprenderán que la evaluación es un instrumento que les va a servir para aprender mas. Es importante notar esta función de la evaluación: una evaluación para aprender, no una evaluación para compararse con otros. Así la evaluación es buscada y no temida.

Aprender a relacionarse con el mundo a través del curriculo.

Los adultos que han diseñando y / o estudiado programas curriculares sabemos que el currículo es una manera de relacionarse con el mundo. Pero muchas veces esto no es evidente para todos los adultos, y mucho menos lo es para los alumnos.

Un aspecto importante de la relación del alumno con el aprendizaje, es que éste la haga sentido. Es decir que las informaciones del currículo le permitan relacionarse con el mundo de una manera que sea significativa para él. Por ejemplo, todo lo que tiene que ver con la alimentación, puede ser visto como un elemento externo y abstracto, o bien puede ser visto como una manera de sostener su propia vida; o el lenguaje, como gramática o como un medio de comunicar, relacioanrse y conectarse con lo que ocurre en otros lugares. Hay una gran diferencia si uno entiende el currículo como la acumulación de informaciones a memorizar para responder a una prueba estandardizada, o si lo entiende como un cambio en la relación del alumno con la realidad.

 

El rol del profesor en la modificación del CEA consiste en la capacidad que tiene el profesor en modificar de manera favorable el sistema de relaciones que lo constituye. El CEA es el producto de la relación del profesor consigo mismo, con los alumnos, las relación entre los alumnos y la relación de los alumnos con su proceso de aprendizaje. En cada uno de estas relaciones el profesor tiene un rol decisivo, y es de su responsabilidad.

Para que el profesor pueda lograr esto, el debe desarrollar las competencias emocionales descritas en unidades anteriores. Es con competencia emocional, que el profesor puede desarrollar la comprensión emocional necesaria para crear el CEA adecuado.

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