Lección 6. El clima emocional en aula I . Segunda Parte

Clima emocional.

Si uno examina los contenidos propios del clima, podemos notar que el elemento central del ello está en el ámbito emocional… y en las consecuencias de ello. De hecho, la noción de clima siempre esta asociada al mundo emocional. En las descripciones del clima, vemos que el énfasis de la parte dinámica, la parte “viva” (la parte no estrucural) en la literatura se destacan la presencia de emociones tales como alegria o tristeza, confianza o desconfianza, motivación o desmotivación, satisfacción o insatisfacción, seguridad o inseguridad, ánimo o desanimo. Los aspectos estructurales y normativos tienden a facilitar la emergencia de emociones orientados a cierto tipo de conducta, mientras que con relación con los aspectos subjetivos, las emociones son su contenido mismo. Por ello podemos decir que el clima es tributario del mundo emocional.

En este plano, podemos ver que las emociones son elementos integradores que nos permiten comprender lo qué es el clima “vivido”. Decimos que son elementos integradores, no solo en plano teórico sino también en práctico, puesto que se relacionan con todos los componentes del clima que hemos señalado hasta ahora: las estructuras, las percepciones, las interacciones, las motivaciones, la adaptación, el liderazgo, y sobre todo, ellas son la energía que nos impulsan a la acción.

Como hemos visto anteriormente, las emociones también son reactivas. El clima percibido nos gatilla emociones. El clima es percibido emocionalmente. Nos hace reaccionar y nos orienta en el sentido de lo percibido. El clima puede ser percibido como algo favorable o desfavorable, agradable o desagradable para el sujeto. Puede percibirse dentro de una amplia gama de características cualitativas: saludable, malsano, cálido frío, incentivador, desmotivador, desafiante, neutro, animador, amenazador, etc., de acuerdo con la manera como cada sujeto participa en el el ambiente creado por el clima…y recordemos de las primeras unidades, son las emociones nos impulsan a actuar de una manera coherente con la emoción que estamos sintiendo.

Es posible entonces distinguir el clima emocional como una característica específica del clima genérico y que puede tomar otras dimensiones. El clima emocional, es la parte dinámica del clima. La parte viva, aquella que está caracterizada por ser del mundo emocional. Es posible distinguirlo de otros climas, que emergen de la observación de los aspectos físicos y normativos. Pero estos otros climas, son débiles en cuanto al impulso dinámico.

EL CLIMA EMOCIONAL EN EL AULA.

Pasemos a considerar el clima emocional desde la organización laboral hacia lo que ocurre en la escuela, específicamente, a lo que ocurre en el aula.

El aula… ¿qué es el aula?

Ante de aplicar los conceptos de clima emocional – la dimensión mas dinámica del clima – al aula, primero tenemos que fijar una comprensión acerca de qué es lo que entendemos por “aula”.

Tradicionalmente se habla como si el concepto de “aula” fuera equivalente a “sala o salón de clases”. Pero estos conceptos son diferentes. “Sala de clases”, se refiere a las dimensiones físicas del lugar donde ocurre la enseñanza aprendizaje. En el concepto “aula” se hace referencia a las dimensiones sociales del lugar donde ocurre la enseñanza aprendizaje. Desde el punto de vista del enfoque del clima, la “sala de clases” está relacionada con la perspectiva del mundo visto desde las estructuras, de la dimensión objetiva y estática. Es la imagen de un especie de “container” de la educación. En cambio la perspectiva del “aula” esta relacionada con el mundo del mundo dinámico de las interacciones.

En este sentido, notemos que en los últimos años, la investigación y las políticas en educación, han tendido a obviar la consideración del mundo dinámico de las interacciones, concentrándose principalmente en las condiciones estructurales, y los rendimientos académicos de los alumnos. El interés se ha volcado hacia temas y enfoques medibles “ex ante” tipo “time on task” como cantidad de horas lectivas, calendarios escolaras, o formación docente, o currículo, y “ex post” tipo evaluaciones de resultados. Curiosamente, se ha sacado la mirada en los procesos que son los que conducen a esos resultados. Esta clarificación es importante pues nuestro enfoque del clima del aula, la atención esta puesta en los procesos interaccionales que son los que conducen a los resultados.

En este sentido podemos decir ahora, que el aula es un sistema de interacciones entre profesores y alumnos organizadas en torno al aprendizaje de los alumnos. El aula es entonces un instancia que articula las interacciones entre profesores y alumnos. El hecho de que las interacciones estén articuladas, quiere decir que están sujetas a algún tipo de regulación, que es reconocida y aceptada tanto por los profesores como por los alumnos, como una forma de relación conducente al aprendizaje.

Hay un aula, cuando se crea y se practica un sistema articulado de interacciones conducentes al aprendizaje. Las interacciones de esa aula, dan lugar a una forma de relacionamiento, cuya recurrencia, a su vez permite que se genere un clima del aula.

Pero antes de seguir, vale la pena elaborar algo mas acerca del “aprendizaje de los alumnos”, el logro de dicho aprendizaje y el papel del CEA. El “aprendizaje” – aunque en general se lo da por descontado – es algo ambiguo y se lo tiende a asociar con una idea de “calidad de la educación”. En Chile, el debate acerca de lo que es calidad ha sido evitado y la Ley General de Educación, lo resuelve indicando que calidad de la educación es un cierto nivel de logro relacionado con un estándar; y el estándar se refiere fundamentalmente a especificaciones en las materias de lenguaje y de matemáticas. Sin embargo esta solución, tiene como efecto el alejar la educación de sus finalidades, que también contenidas en la LEGE. En esa ley, estas finalidades son el desarrollo integral del alumno, a saber, el desarrollo ético, espiritual, intelectual, emocional, físico, artístico y social.

Al respecto, debemos señalar dos aspectos que son atingentes al tema del aula: el primero es que la tecnología esta cambiando rápidamente la naturaleza de la educación; al menos la educación entendida como una interacción orientada hacia traspaso cognitivo de informaciones. De hecho, la transmisión de los profesores se ha vuelto pobre en informaciones, pues los alumnos las obtienen de preferencia, de muchos otros lugares que están mas allá de lo que los profesores transmiten. Las informaciones relevantes, las obtienen de las conversaciones en sus casas, de sus conversaciones con sus pares y otras personas, de la televisión, de los libros y principalmente de sus computadores que las contienen en abundancia.

El segundo aspecto, es que dado que la interacción con el profesor ha dejado de ser la única, (o principal) fuente de información, también la naturaleza de la labor del profesor está cambiando. Cambia en el sentido de que los aprendizajes cognitivos (que se pueden aprender de otras fuentes) deberían perder preeminencia en la enseñanza (y en la evaluación docente), en favor de otros aprendizajes mas cercanos a las finalidades reconocidas de la educación, que son de naturaleza mas actitudinal que cognitiva. Es decir que dada la evolución de la tecnología, el tipo de interacción en el aula debería moverse hacia una interacción predominantemente con intención de aprendizajes actitudinales, y no solo, o predominantemente, cognitivos.

En este contexto de cambio, si bien, como lo mencionáramos al inicio, en los últimos años se ha ido juntando mucha evidencia empìrica acerca de la robustez de la relación entre clima de aula, CEA y resultados académicos. Pero mas allá de esta relación, CEA/resultados académicos, también se ha remarcado que esta relación es aún mucho mas robusta entre el CEA y los aprendizajes actitudinales. Los contenidos curriculares (cognitivos/actitudinales) y las pedagogías (autoritarias/participativas) con que se enseñen, son de esta manera también, aspectos relevantes en el tipo de clima que ha de emerger.

Distintas aulas tienen distintos tipos de climas. Esto es facil de apreciar y sentir. Cualquiera persona que visite un aula y luego visite otras, sentirá que hay diferencias entre una y otra, aun cuando no pueda determinar con facilidad en qué consiste la diferencia. Esto es así porque cada aula genera su clima que le es distintivo porque las personas que lo hacen emerger son distintas. Pero también son distintos porque hay distintos tipos de climas.

Hay, por ejemplo, un clima mas ligado a las estructuras y la administración de normas. Desde el punto de vista de la investigación y la consultoría, la observación de este tipo de clima, conduce a la corriente que se conoce como gestión del aula, y se presta mas a las mediciones, pues es del dominio de lo estático. Hay también un clima relacionado con las materias curriculares, por ejemplo, las diferencias de clima que emergen de las actividades relacionadas formación artística, en comparación con la formación matemática, que también generan un clima propio que es afecado por el tipo de materia. Así como hay climas que emergen de los aspectos físicos, los normativos, y los curriculares también hay lo que hemos llamado el clima emocional del aula (CEA).

Retomado lo dicho anteriormente, el clima emocional, se distingue de los otros climas por ser la parte dinámica del clima, la parte viva que está caracterizada por ser del mundo emocional, con todas las implicaciones que hemos desarrollado en las unidades anteriores.

El clima emocional en el aula (CEA) es algo enactivo que emerge de las interacciones de los sujetos involucarados. El tipo de CEA que emerge, en términos genéricos es principalmente tributario de la relación los profesores con sus alumnos. De manera específica, emerge de la interrelación de ese profesor con esos alumnos y del sistema de articulación que hayan mutuamente desarrrollado y aceptado. Puede ocurrir que a un alumno le guste o no le guste el tipo de regulación de las interacciones, pero si ha de ser parte del grupo que trabaja junto, él debe aceptarlo. El aspecto de aceptación es relevante, pues es lo que permite que los miembros del aula sean parte del aula. De no haber aceptación, entonces en aras de un clima adecuado, se debe instalar un periodo transicional de negociación conducente a otro sistema de articulación. La aceptación del sistema de interacciones conducentes al aprendizaje, no solo da lugar al clima, sino que también a las regulaciones, estilos de liderazgo, tradiciones y expectativas, que determinan la cultura de esa aula.

En síntesis, el CEA propiamente tal es lo que emerge del tipo de relación entre el profesor y los alumnos y del tipo de relaciones que se establecen entre los alumnos. En tanto que constructo teórico, el CEA está compuesto de tres variables: el tipo de vinculo que se da entre el profesor y el alumno, el tipo de vinculo que se da entre los alumnos, y el clima que emerge de esta doble vinculación.

 

 

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