Lección 5. La gestión emocional en la escuela – Tercera Parte

La gestión emocional en la escuela.

Para adentrarnos más en este tema, debemos distinguir aspectos generales de la gestión emocional, de los aspectos aplicados a la escuela.

Recordemos la definición que hemos dado en la cual consideramos que la escuela como un sistema de interacciones cuya finalidad es que los alumnos y alumnas aprendan las competencias requeridas para tener una vida equilibrada y prospera en su comunidad y que en consecuencia, se organiza en torno a esa finalidad. En este sentido el foco de la gestión es la capacidad de vincularse con un sistema de interacciones conducentes a la finalidad de la organización. También hemos dicho que la naturaleza de las interacciones son fundamentalmente de tipo emocional, y ello, en un lugar donde el trabajo que se desempeña es también fundamentalmente emocional. Siendo esto así podemos comprender que el dominio fundamental en la cuales se deben desarrollar las competencias de un gestor educacional sean en el plano emocional, y las competencias a desarrollar sean competencias emocionales, en el sentido que las describimos en la unidad 4.

En este plano es preciso una nota precautoria. Es importante no concebir a las competencias emocionales como un conjunto de técnicas para manipular las emociones propias y las de los otros, como se desprendería de una perspectiva de “inteligencia” emocional. La postura aquí es diferente. Se trata de una apertura y una comprensión del mundo emocional personal y de los otros, de manera que el gestor pueda relacionarse con las raíces de los impulsos emocionales, en vez de preocuparse de manipular las expresiones emocionales superficiales. Decimos que entender esta distinción es crucial, pues la practica de la manipulación, especialmente en los dirigidos, con frecuencia los lleva a esconder sus verdaderas emociones. Esta práctica, es un entrenamiento en la simulación y conduce a abandonar los impulsos emocionales auténticos que – como mencionamos arriba -son los impulsos necesarios para lograr una buena educación. Habiendo hecho esta precisión, volvamos a la dimensión emocional de la gestión.

Describiremos ahora algunos aspectos de la gestión emocional en la escuela que se desprenden de las competencias emocionales: la necesidad de comprender la naturaleza emocional de los problemas de gestión; las dimensiones emocionales del liderazgo y su vinculación con los tipos de gestión; la cultura expresiva/ no expresiva de las emociones en la escuela; la gestión de las emociones y los estados de ánimo en una escuela y , la mas importante, la gestión emocional personal.

  1. La necesidad de comprender la naturaleza emocional de los problemas de gestión. La apertura al mundo emocional es lo que nos permite ver que la mayoría de los problemas que enfrenta un gestor, son de naturaleza emocional. Estos pueden ser en relación con otros profesores o personal de la escuela, en relación con los alumnos, en relación con los apoderados, o por último en relación consigo mismo. El análisis, aunque sea superficial, de los problemas que enfrenta un director de escuela, nos muestra que una gran cantidad de ellos no tienen que ver con temas “objetivos” sino que tiene que ver con la gestión de las interacciones entre las personas que están a su cargo.

Para comprender mejor esto, hay que hacer un esfuerzo para salir de la mentalidad que nos dice que “a cada problema hay una solución”. Esta suele ser una visión tecnocrática y abstracta de los problemas, y en consecuencia no los resuelve, sino que los profundiza y los posterga. Para comprender esto, es necesario comprender que el tipo de trabajo que realiza un docente, y en particular su satisfacción o insatisfacción depende, no sólo de un factor, sino de una multiplicidad de factores, que se potencian en una secuencia de desenvolvimiento, y que culmina en el tipo de estímulos internos al profesor que afectan el trabajo docente.

En un estudio realizado para UNESCO destacábamos que la satisfacción o insatisfacción laborar tenía un gran impacto en el trabajo docente. La satisfacción o el malestar dependen principalmente de la secuencia emocional que se desplegaba ante la existencia o ausencia de trato amable a nivel de la escuela (fuera del aula). En el estudio, los docentes entienden por trato amable, lo que ocurre cuando son saludados, cuando se los reconoce, cuando son escuchados, cuando reciben cariño y calidez. También consideran que emerge el bienestar cuando ocurre que tienen la posibilidad de participar, expresar sus opiniones, que se les solicite su ayuda, cuando hay posibilidad de trabajo en grupo y cuando hay responsabilidades claras. Cuando hay trato amable, los docentes se sienten satisfechos, y cuando hay satisfacción emergen bajo la forma de secuencias emociones tales como paz, alegría, apertura, aceptación. Estas emociones son los impulsos que permiten hacer bien la tarea de enseñar.

Como dice el refrán, “un problema bien diagnosticado y bien formulado, es tres cuartas partes de la solución”. Por ello, cuando se comprende que gran parte de los problemas que se presentan en una escuela son de naturaleza emocional, solo entonces se comprende que la solución se encuentra en el plano emocional. Si uno logra hacer un diagnostico en este nivel, solo entonces se pueden diseñan acciones y modos de relacionamiento que afecten las emociones especificas que se revelan en ese plano. Es importante recordar que al hablar del plano emocional, no estamos hablando de un plano patológico, sino el plano en el cual ocurre la experiencia. Éste es el plano del clima emocional de la escuela, y el clima emocional de la escuela es de responsabilidad del director.

  1. 2. Dimensiones emocionales del liderazgo y los distintos tipo de gestión. En las escuelas constantemente ocurren eventos que gatillan emociones. Accidentes de alumnos, reuniones con apoderados, peleas, malos resultados, conflictos de personal, celebraciones, son todas ocasiones que se ven a menudo en las escuelas. Cuando los profesores y el personal, están tocados por estos eventos, si ellos son personas emocionalmente maduras y competentes, entonces pueden enfrentar la situación personal y maduramente. Pero cuando no es el caso, ellos tenderán a dirigirse al director en busca de orientación. Si el director es inmaduro y no es emocionalmente competente, entonces ellos, o se desorientarán, o se dirigirán a quién ellos consideren que tiene esas cualidades.

Según sea el tipo de evento que ocurra en la escuela, desde el punto de vista de la gestión, un director emocionalmente competente podrá apoyarse en distintos tipos y estilos de gestión. A continuación ilustraremos esto con varios ejemplos.

Primer ejemplo, cuando un director detecta que la escuela ha perdido conectividad con los cambios sociales, y ve que su misión ha dejado de tener resonancia en la sociedad, esto produce inquietud entre los profesores, que sienten que no pueden realizar bien su misión personal por efecto de la desconexión. También las autoridades externas comenzarán a inquietarse pues se puede iniciar la migración de los estudiantes hacia otras escuelas. Esta es la ocasión en la cual el director debe proponer una visión o un objetivo de corto o mediano plazo mas claros que pueda movilizar a los profesores. Si no lo tiene, puede apoyarse en las técnicas de calidad total o estratégicas para convocar a su gestación. Si esto se logra, la emoción de inquietud y angustia por el futuro perderá su fuerza.

Otro ejemplo, cuando un director está atento a lo que acontece con los docentes, y detecta la desmotivación y frustración en alguno, es necesario llevar a cabo lo que hemos llamado una comunicación empática. Si el director es emocionalmente maduro y ha desarrollado esta competencia, mediante esta técnica comunicacional, que se sitúa entre la gestión comunicacional y la gestión emocional,   el podrá apoyar a la profesora o profesor. Lo hará de manera que ella pueda generar una coherencia entre sus motivaciones y objetivos, con los objetivos y misión de la escuela, a la vez de estimular el desarrollo de sus competencias (potencialidades) proyectadas a un largo plazo. Si el director es competente la desmoralización disminuirá, y aparecerá entonces, una sensación de acogida, de pertenencia, de ser escuchado, lo que a su vez, se traducirá en satisfacción laboral.

Otro ejemplo. Cuando en la escuela hay conflictos entre los profesores, el director emocionalmente competente debe ser capaz de contener la situación, y a la vez dar espacios de seguridad emocional y de democracia. Es en este espacio de seguridad y de democracia, donde las diferencias pueden aclararse, se pueden identificar los valores y necesidades que están en juego, (los que en sí no son el problema como veremos en la próxima unidad), para luego proceder a desmantelar el conflicto y orientar la energía movilizadora que general los conflictos, en la perspectiva de la misión de la escuela. Para ello, puede usar las técnicas de la gestión emocional de resolución de conflictos acompañadas de las técnicas estratégicas, que son las que tienen que ver con la visión y misión de la escuela. Cuando el conflicto se pone en esta perspectiva, éste no solo se disuelve bajando la rabia y o la envidia, sino también, fortalece al sensación de unidad, de pertenencia, e identidad con la escuela.

Otro ejemplo. Cuando en la escuela se desatan conflictos demasiado críticos. En esas ocasiones, se desata la sensación de caos y cunde el miedo en los miembros de la escuela ante la división y el futuro de la escuela. El gestor emocionalmente maduro, es decir aquel a quien los miembros de la escuela se tornan en búsqueda de solución, tiene la oportunidad de ejercer un liderazgo autoritario, concentrando todos los poderes, tomando decisiones drásticas, tales como licenciar a las personas conflictivas, y/o fijar nuevas metas de corto plazo, y/o reingenierías que puedan movilizar al resto de los profesores y reducir la sensación de inseguridad y miedo.

Estos distintos ejemplos nos sirven para ilustrar el punto de que la esencia de la gestión es de carácter emocional. Las técnicas asociadas son elementos de apoyo, pero, para que sean útiles y tengan resultados positivos, requieren de un gestor emocionalmente competente. Las técnicas por sí solas, no tienen la fuerza necesaria para resolver los problemas que se presentan. Su aplicación mecánica no es capaz de tocar la raíz de los problemas. En el mejor de los casos darán pié al enmascaramiento de las emociones que son las que dieron origen al conflicto y las dificultades, que se mantendrán latentes para que emergen en otra oportunidad.

  1. La cultura expresiva/no expresiva de las emociones en la escuela. Un aspecto poco reconocido, es el hecho de que siempre estamos emocionados, aunque no siempre nos demos cuenta de ello. Sea donde estemos, siempre estamos con una o mas emociones. Cuando entramos en una escuela, muy rápidamente nos damos cuenta qué hacer con nuestras emociones: expresarlas o no. Esto depende de cual es la cultura respecto de las emociones que prevalece en los profesores y asistentes de esa escuela. En toda escuela hay una cultura en este sentido, el que se desprende de reglas implícitas acerca de la expresión o no expresión de las emociones. Estas reglas estructuran nuestra conducta en el lugar de trabajo. Si las emociones no pueden ser expresadas en aras, por ejemplo, el profesionalismo de la carrera, las personas tenderán a esconder sus emociones, entonces, éstas desvitalizarán a las personas, dejándolas en un estado semi depresivo (de auto represión emocional) y donde las emociones tenderán a buscar otras formas y lugares donde expresarse, ya sea en la escuela, en el hogar, en su relación con otras personas o en el propio cuerpo.

Si recordamos que una buena educación depende del grado contacto con el mundo emocional de los docentes al hacer clases, desde el punto de vista de la gestión, es mejor que las emociones puedan expresarse libremente y de manera reconocible. Pero para que ello se traduzca en un proceso constructivo y vital, y no tome las formas de catarsis o conflictos, es necesario que con anterioridad que los directivos, profesores y asistentes, se preocupen del desarrollo de las competencias de regulación y modulación de las emociones.

La cultura acerca de las expresiones emocionales, tiene un fuerte impacto en el clima emocional de esa escuela. Por eso, un cuerpo docente, que logra vivir en contacto consigo mismo, tiende a ser un grupo de personas mas auténtico, mas integrado y mas vital.

  1. gestión de las emociones y estados de ánimo en la escuela.

Introduzcamos la distinción entre emociones y estados de ánimo. Ambas son parte de nuestro mundo afectivo, pero hay una diferencia en su temporalidad y en sus efectos. Las emociones son golpes energéticos que nos impulsan a la acción. En general, las emociones son gatilladas por eventos externos y tienden a aparecer y desaparecer rápidamente.

En cambio, los estado de animo, son mas larga duración. Como parte del mundo emocional, son como emociones prolongadas en el tiempo. Por una parte, los estados de ánimo han perdido gran parte de la energía movilizadora de las emociones, pero por otra parte, tienen la particularidad de afectar la forma particular en la cual configuramos nuestra percepción de la realidad. Lo hacen de manera que la realidad toma la tonalidad del estado de ánimo. Si estoy deprimido, tenderé a ver todo bajo un tono depresivo, si estoy feliz, tenderé a ver todo bajo el prisma de la felicidad. El pesimismo, la ansiedad, el resentimiento, tanto como el optimismo, la tranquilidad, o el entusiasmo, actúan como plataformas a partir de las cuales tenemos nuestras reacciones emocionales, y son muy influyentes en los estados de animo de una organización.

Los estados de ánimo son contagiosos. De manera que si en una escuela hay varias personas con un cierto estado de ánimo, rápidamente la escuela se instalará en ese estado de animo. Estados de animo y clima emocional en una escuela son realidades – sutiles e invisibles- que van juntas y son coherentes entre sí. Si el estado de ánimo en una escuela es de resignación, el clima emocional será pesimista.  La combinación de estado de ánimo de resignación con un clima emocional pesimista es peligroso, pues es muy difícil movilizar una escuela donde predomina la resignación y el pesimismo. Para un gestor es difícil movilizar, una escuela en un estado de ánimo en el cual las personas se dicen que nada va a funcionar, que por mas esfuerzos se hagan, nada va a cambiar. En este estado de ánimo la moral se desploma, el compromiso se turbia, desaparece el deseo de hacer bien las cosas, desaparece el deseo de crear, de innovar o de cambiar.

 

Por esto, son funciones importantes para una gestor emocional, el comprender cómo funcionan los estados de ánimo, el detectar los estados de ánimo y diseñar acciones para modificarlos. El gestor emocional debe comprender,   cómo los estados de ánimo afectan las conductas de las personas, cómo afectan sus relaciones con los otros y también como afectan sus desempeños. También es una competencia importante el tener la capacidad de detectar los estados de animo prevalecientes, comprender sus raíces. Solo de esta manera se podrán diseñar acciones y estrategias apropiadas con el fin de generar los climas emocionales favorables para que se pueda dar una buena educación.

 

En otras palabras, se trata de que los directores puedan lograr una mejor comprensión acerca de cómo funcionan las emociones en la escuela, y cómo trabajar con ellas. Por ejemplo, se trata de que ellos puedan ayudar al equilibro emocional de la escuela, de comprender las relaciones entre emocion y acción, emoción y cognición, de cómo crear climas emocionales agradables y de buen trato, favorecer la expresión emocional creando ambientes seguros y confiables, de cómo mejorar las interacciones de los profesores entre ellos y entre ellos y los padres y apoderados, y sobre todo reducir los factores de tensión o estrés, tan abundante en la profesión docente de hoy.

 

  1. gestión emocional personal. El gestor debe ser emocionalmente competente para llevar a cabo bien su labor. Para ser emocionalmente competente, primero debe conocer como funciona el mundo emocional. Pero comprender cómo funciona el mundo emocional, no es un asunto cognitivo que se aprende en libros. Para comprender como funciona el mundo emocional, el gestor debe comprender como funciona su mundo de manera directa. Puede tener una idea acerca de cómo funciona el mundo emocional si es que logra realizar una exploración conciente en primera persona singular, para tomar de allí la energía necesaria para una buena gestión.

Ilustremos esto con el ejemplo de la capacidad de decisión. Tomar decisiones para la acción es una función importante de la gestión. En este ámbito, y contrariamente a la creencia común que supone que las decisiones son racionales, hemos visto que las decisiones tiene su fundamento y están basadas en las emociones del gestor. La función de la racionalidad es principalmente, justificar la decisión ya tomada. Si un gestor quiere hacer decisiones concientes, de lo primero que hacer, es saber cómo funcionan las emociones en él, como ellas los impulsan a tomar las decisiones que toma. Si no está consciente de sus emociones, el gestor tomara decisiones inconscientes, y en consecuencia será una “victima” de sus propias emociones y estados de ánimo.

 

Conclusión.

Hemos querido mostrar que las escuelas son organizaciones emocionales por su misión, por el tipo de organización que son y por el tipo de trabajo que allí se realiza. Las escuelas están muy marcadas por el mundo emocional. Pero para que el mundo emocional, pueda dar brindar sus frutos, los directivos deben tener competencias emocionales, no solo para comprender la naturaleza de los problemas que enfrenta, generar mayor capacidad de orientar su escuela hacia su misión, sino para usar la energía que proviene del mundo emocional para poder lograr que sea el lugar donde se brinda una buena educación.

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