Lección 2. Somos seres emocionales y seres racionales – Tercera Parte

La emergencia del ser emocional.
Si al principio del siglo pasado, la mayoría de las personas se definían como seres racionales, hoy la mayoría nos consideramos seres racionales y emocionales. Cuando nos reconocemos como seres emocionales, no estamos diciendo que somos seres irracionales. La irracionalidad es un concepto que tiene significado solo como antítesis al orden racional, como lo opuesto a lo racional. El ser emocional no es lo opuesto al ser racional, es algo que lo complementa.

Que nos reconozcamos ahora como seres emocionales, no quiere decir que las emociones hayan cambiado o que nosotros hayamos sufrido mutaciones en este último periodo de cien años. Lo que ha ocurrido es que la concepción de lo que es un ser humano cambió. Ya durante la primera mitad del siglo pasado, ocurrieron dos guerras mundiales con efectos devastadores. Por su parte, S. Freud le asestó un golpe duro a la imagen del humano al sostener que gran parte de nuestro comportamiento está dirigido, no por la facultad racional, sino por lo que ocurría en el inconsciente. Luego vino la emergencia del absurdo y del sin sentido con el pensamiento existencialista. Pero hacia fines de siglo, la noción de lo que es el ser humano cambió aún más. Este cambio se debió a la nueva comprensión de lo que son las emociones y al hecho de “re” descubrir nuestras emociones. Nos hemos despertado un día par darnos cuenta de que somos seres emocionales. Una parte de mí, una dimensión importante de mi ser un ser humano, es ser un ser emocional.

Lo que estamos destacando es el hecho de que somos seres racionales y emocionales. No estamos nunca en un estado de pura racionalidad o de pura emocionalidad. Casi siempre estamos en una interacción entre ambas dimensiones. Siempre tenemos alguna mezcla de mayor o menor racionalidad, o mayor o menor emocionalidad, o estamos en equilibrio entre la influencias de ambas dimensiones humanas. Sin embargo, para poder entender mejor la diferencia de la influencia que tiene una u otra dimensión en nosotros, vamos a caracterizar el ser racional y el ser emocional, como si fueran estados puros. El cuadro siguiente ilustra estos dos tipos.

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El ser racional, caracterizado en su estado “puro” se presenta como un ser preocupado de sí mismo pero, al mismo tiempo, sin contacto consigo mismo. Por ello, el es auto-referido y desvinculado de los otros. Es un ser “sin” sentimientos. Su vivir ocurre como si fuera solamente una vida que está organizada como un proceso mental. Pero a pesar de estar auto-referido se encuentra orientado hacia el exterior, para encontrar afuera los objetos de su voluntad y someterlos al proceso mental del cálculo del costo o del beneficio que reportará la acción que estará dispuesto a hacer o no hacer según sean el resultado del cálculo. En la relación con los otros, ésta será instrumental. Se relacionará con los otros para lograr algo, y estará a disposición de otros también para lograr algo. En la sociedad actual, podemos ver que ese “algo” es normalmente dinero o poder. Pero también puede ser otra cosa, como por ejemplo, el cumplimiento de una norma: seguir todas las conductas para ser considerada como una persona que se adapta a las pautas culturales. Portarse bien para ser un “buen alumno” de acuerdo a lo que se diga ser un buen alumno, o ser una “buena madre”, o un “buen católico” o un “buen amante”.

La acción antihéroes de la literatura como Julian Sorel , o Martín Rivas , es una acción racional e instrumental, en la medida que esta gobernada por el cálculo. En esa medida su acción será predecible. La acción predecible es manipulable. Para ello, basta entonces modificar la ecuación del costo/beneficio: un poco menos costo, o un poco más incentivo. Por eso mismo, si una persona se somete al resultado del cálculo, su acción será predecible. Desde un punto de vista de la lingüística, su lenguaje es afirmativo, que es un acto del lenguaje que no crea sino que constata lo que hay en el entorno . Por ello, su acción no es creativa sino reproductiva y afirmativa de la objetividad. Es un acto contable. En la misma medida de que el ser racional es “libre”, calculador, coherente, predecible, egoísta y auto referido, el ser emocional no es “libre”, no es coherente, es indiferente al cálculo el costo/ beneficio, es impredecible y está orientado al otro y sus procesos no ocurren en la mente, sino en el cuerpo. Esto lo examinaremos en más detalle en el capítulo de la comprensión emocional.
Un tema importante es el de la libertad. Arriba empezamos con el tema de la libertad y el hombre racional, diciendo que el hombre racional, que se había liberado de las trabas del oscurantismo medieval, tenía ahora la libertad de elegir. En cambio el ser emocional parece no ser libre para elegir las emociones que le ocurren. Las emociones nos ocurren de manera involuntaria. Aunque una persona competente en el campo emocional puede llegar a tener un mayor dominio y responsabilidad por lo que siente, en general antes de tomar conciencia de lo que nos ocurre, no somos libres para elegir lo que sentimos. Lo que sentimos nos ocurre, y en ese sentido el ser emocional no es libre. Sin embargo, al tomar conciencia y generar competencias en el plano emocional, esto se vuelve regulable y modulable.

Las emociones son libres. Nos ocurren. No es algo que podamos fabricar. Esto es porque las emociones están relacionadas con el cerebro emocional, y este es relativamente independiente del cerebro cognitivo. Entonces las emociones nos ocurren involuntariamente. El que las emociones circulen libremente, hace que tenemos que entrar en un proceso de armonización con ellas.

A diferencia del ser racional que tiene como punto de anclaje su interés personal, el ser emocional es un ser orientado hacia el otro. Cuando estamos “tomados” por una emoción, como por ejemplo la lealtad, esta es siempre en relación a otro. Ponemos el foco de nuestra mirada en el otro hacia el cual sentimos la emoción de la lealtad. En este caso el foco no esta en mí, sino en el otro. Lo mismo ocurre con el amor; y lo mismo ocurre por ejemplo con la rabia. En este caso, ponemos el foco en la otra persona, pero de manera agresiva. Lo significativo de la rabia es que, aun cuando me afecta a mí, yo pongo mi anclaje en el otro y no en mí. El foco puesto en el otro a veces significa que la persona se siente atraída hacia el otro y se acerca, como en el amor, o bien puede significar lo contrario, la persona siente la necesidad de alejarse del otro como ocurre cuando una persona esta embargada por la emoción de la indiferencia. Independiente del sentido de la necesidad, ya sea sentir la necesidad de acercarse o de alejarse del otro, el anclaje está en el otro. Por eso también podemos decir que el ser emocional esta ligado, vinculado a los otros. Su acción toma sentido dentro de este vínculo con los otros. Inversamente, el ser racional se haya desvinculado, pues su eje es su interés personal, y le es indiferente lo que ocurre con los otros.

El ser racional es coherente, está siempre guiado por su interés personal. El ser emocional es incoherente Esto no quiere decir que no haya una lógica y una estructura de jerarquía de importancia al interior de la acción gatillada por la emoción. Pero las cosas ocurren de manera diferente que en el plano racional. Si me ubico en el plano emocional y amo a una persona, hago cosas que hago van en el sentido de preservar y en lo posible aumentar mi amor hacia esa persona. Pero de repente ocurre algo que hace que a pesar de amar a esa persona, ella me desespera. En alguna medida dejo de hacer las cosas que nutren mi amor, y entro a realizar acciones que van en un sentido contrario. En ese caso tomo distancia, dejo entrar la indiferencia, me da rabia, hostilidad y hasta odio. Pero después ocurre algo y se reestablece la energía del amor. Cuando hay amor, opero en la lógica del amor de la misma manera que cuando hay odio realizo acciones en la lógica del odio. Cuando decimos que el ser emocional no es coherente, no quiere decir que el ser emocional no sea lógico en su acción, por el contrario, su acción no puede ser sino lógica debido a la fuerza predispositiva de la emoción. A lo que nos referimos es al hecho de que en el ser emocional, a una emoción no le sigue necesariamente otra emoción compatible. La que le sigue puede ser perfectamente incompatible. El principio de coherencia o de no contradicción es central en el ser racional puro. Si dos elementos son contradictorios, esto es percibido como estar frente a una situación insostenible. Este principio de no contradicción no tiene importancia en el ser emocional. Es posible, y es hasta frecuente que nos ocurra amar y odiar a una misma persona. Esto es posible porque la lógica de las emociones es distinta de la lógica de la razón.

No siempre se juntan emociones contrarias o incompatibles. Muchas veces, se juntan emociones similares y compatibles. Si yo amo a una persona, y además me ocurre de sentir admiración por ella, esta segunda emoción potencia y fortalece mi emoción primera.
El ser emocional es indiferente al calculo costo/beneficio que guía las acciones del ser racional. Como en el diálogo expuesto más arriba, para Alicia, lo importante no es quedarse en la consideración si tal o cual acción le es más o menos conveniente. Para ella, como lo es para el ser emocional, lo importante es poder expresar en acciones la emoción que la embarga, independientemente del costo o de la recompensa que pueda recibir. Su recompensa radica en la expresión de su emoción y no necesariamente en el fruto de la acción. Una persona tomada por la rabia, tendrá la predisposición a ser agresiva. Y lo que realizará es descargar su agresividad en cualquiera persona aun cuando no tenga necesariamente a la persona objeto de su rabia como objeto de su acción. Para esa persona, lo importante es expresar la agresividad que es gatillada por la emoción de la rabia. Lo mismo ocurre con la empatía. Las personas tomadas por el amor fraterno hacia otras personas se entregan en el don a realizar actividades sin esperar un retorno personal como producto de su acción. Estas personas se sienten recompensadas por el hecho de dar, y no de recibir.
Si tomamos las características de incoherencia, es decir que la persona puede estar embargada de emociones contradictorias, al mismo tiempo o secuencialmente, unas después de las otras, y de la indiferencia al cálculo, fácilmente podemos ver un aspecto centrar de la conducta del ser emocional: es impredecible. El ser racional es una persona que esta preocupado por el control, por la coherencia, por el cálculo y sigue la regla racional en sus decisiones. Si accedemos a la información que él o ella posee y aplicamos la regla racional, podremos predecir sus decisiones y sus acciones. En este sentido el ser racional es predecible. El caso con el ser emocional es algo mucho más problemático, porque las decisiones del ser emocional van a surgir de la emoción que lo tiene tomado en ese momento, o si son más de una, ella va a surgir de la que esté ejerciendo su poder más fuerte. Por otra parte, y como hemos visto, las emociones que llegan y se agotan son reemplazadas por otras; son cambiantes, y no cambian necesariamente de manera coherente.

El ser racional habita en el pensamiento. Su aproximación a la realidad es cognitiva. Se acerca a la realidad en búsqueda de informaciones objetivas que le permitan hacer afirmaciones acerca del mundo que lo rodea, en esto su aspiración es a constatar y no a crear. Todo lo conceptualiza y analiza. Esta característica del ser racional lo lleva a concebir la realidad bajo el aspecto conceptual. Su acercamiento analítico, lo lleva descomponer la realidad circundante en fragmentos que pueden ser aprehendidos con más facilidad que la realidad total. En cambio, el ser emocional habita en el corazón. Su relación con el mundo se basa en su contacto emocional con la realidad y aspira a tomarlo en su totalidad. No hay separación entre el mundo objetivo y lo que él vive subjetivamente. No le interesan tanto las informaciones objetivas, sino el movimiento que resulta de su relación con el mundo. En su relación con la realidad él la modula de acuerdo a los sentimientos, emociones y estados de ánimo en los cuales se encuentra. Su mundo es una construcción poética.

Hasta ahora hemos descrito un ser racional puro y un ser emocional puro, y como seres separados. En la realidad no encontramos seres racionales o emocionales puros. Por una parte encontramos seres en los cuales predominan unos aspectos más que los otros. Pero por otra parte, hay un elemento de mediación entre ellos. Ese aspecto es la cultura y sus normas.

Soy un ser emocional

Si bien la concepción teórica acerca de qué son las emociones sigue cambiando, como personas individuales sabemos poco acerca de nuestras propias emociones y de nuestro ser emocional. Esto es normal. Ello ha ocurrido porque las emociones han sido temidas y despreciadas en la cultura humana. Como consecuencia de ello, la dimensión emocional ha sido alejada tanto en la cultura como en los procesos de formación. Es solo recién que la dimensión emocional se está incorporando en las escuelas. Pero para poder incorporar esta “nueva” visión del ser humano, necesitamos entrar en un proceso de aprendizaje. Los principios de la educación emocional se basan en una visión más compleja, aunque más integrada, de nosotros como especie y como personas. El proceso de la educación emocional, es el proceso de retirar aquellos obstáculos que impiden el desenvolvimiento y el despliegue de nuestro ser emocional.

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